Stefan Aztler, el último salvaje:

No puedo dejar de confesar que la historia de Stefan Aztler me cautivó desde que comencé a obtener los primeros datos sobre su persona: cuando conocí que había descuartizado a un agricultor en la localidad albaceteña de Férez y que había sido detenido llevando encima una tartera con tres trozos de carne humana que previsiblemente iban a servirle de alimento; más tarde, cuando conocí que se le vinculaba al asesinato de otro agricultor en Jumilla, y, finalmente, cuando un amigo forense me hizo saber que al presunto homicida se le había intervenido un diario repleto de espectaculares y estremecedores dibujos, así como de poesías y relatos en los que se entremezclaban lo onírico y lo real:

“Con vino negro del cuerpo muerto”:

De alguna manera familiar / en el sueño en casa / un cadáver viejo y gordo. / Matanza debajo del árbol de Navidad. / La luna pálida se refracta en la luz de la sierra. / Mira al péndulo. / Son las cuatro y pico, / y Freddy Kruger está conmigo. / Conversamos sobre temas serios, / con vino negro del cuerpo muerto / y problemas del alma, bien grandes. / Quiero que me enseñe la verdad / que vino sobre mí cuando estaba durmiendo. / También me enseñó tu cara / ¿o era la mía? ¿o la de ella? / Estaba en la niebla, muy triste, / muy sola, / no era la Madre de Dios… / Y alrededor de mi corazón se cierran / cuatro cuchillas oxidadas, / todo en una luz roja de carne y sufrimiento»…

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